jueves, 1 de mayo de 2014

Baudelaire o el comediante papal. Por Luis Thonis.





Sobre Pobre Bélgica de Charles Baudelaire. Traducción : Luis Echávarri. Introducción, revisión y notas : Américo Cristófalo y Hugo Savino. Editorial Losada, I999, 242 páginas.

En 1859, Baudelaire escribió en Mi corazón al desnudo : “ De niño, quería ser unas veces Papa, pero papa militar; otras, comediante. Goces que me producían estas dos alucinaciones.”
En sus escritos sobre Bélgica, hacia I864, recopilados en la reciente edición de Losada, este estado alucinatorio tiende a ser literal y el poeta llevará a cabo una pequeña guerra de religión como comediante papal.
Cuando la guerra de religión pasa a primer término sustituyendo a la política la consecuencia es el fascismo o el fundamentalismo. Pero aquí no se trata de ninguna cruzada sino de la aventura de un sujeto singular. Baudelaire descubre una modernidad acelerada y con ella la imposibilidad de alegorías. Bélgica asoma como  futuro en bruto, menos como la tierra de los ciegos de Brueghel que como una sociedad de pájaros de ojos amputados. La caracterización de los pobres, las viejas y los niños, que en la mayoría de las culturas aparecen como incontaminados, constituye una de las conclusiones más terribles del libro porque confirma que el otro no puede aparecer como prójimo: “ La miseria, que en todos los países conmueve tan fácilmente el corazón del filósofo, no puede aquí más que inspirarle la repugnancia más irresistible... tan marcada por la bajeza y el vicio incurable está la cara del pobre!”
“ La infancia, linda en casi todas partes, es horrible, tiñosa, sarnosa, mugriente y merdosa. La anciana misma, el ser sin sexo que en todas partes tiene el gran mérito de conmover la mente sin inmutar los sentidos, conserva aquí en su rostro toda la fealdad y toda la necedad con que fue marcada la niña en el vientre materno. No inspira, en consecuencia, cortesía, respeto ni ternura”.
Ante el sopor belga, Baudelaire no puede generar una alegoría, desterrada, ridícula y sublime, de esta revelación como lo hizo el El Cisne donde el ave- emblema que escapa de la jaula da lugar a un pasaje de la cautividad al exilio final. El poema  trivializa magistralmente los emblemas clásicos y el lugar de lo adánico en la tierra, donde el cisne alude a la ciudad remodelada, es decir, destruida, Victor Hugo u Ovidio, políticamente exilados, o el mismo Baudelaire que asiste a la asincronía que entre el spleen-  la bilis negra de lo real - y el ideal cada vez más inalcanzable.
Tampoco puede reencontrar las marcas enigmáticas del mal dosificadas por el tiempo de sus poemas Los siete viejos o Las viejecitas.
El giro tout à coup -  “de pronto surgió ante mí un anciano cuyos amarillentos harapos...”- que anticipa para el paseante un encuentro imprevisible- con el cisne, viejos o viejas, la desconocida o el atardecer -, le está vedado en su música, como si en Bruselas no hubiera posibilidad de resonancia.
El crítico más influyente de la época, Sainte Beuve,  consideró a los Paraísos -I851- una obra de mayor envergadura que Las Flores del Mal, 1857, a las que Baudelaire agrega poemas como El Viaje cuatro años después. Pero su libro  sobre Bélgica ha sufrido algo peor que el desatino : la desaparición que hace que los lectores contemporáneos de Baudelaire- hablo de Verlaine o Mallarmé- no pudieran conocerlo. De la historia de sus ediciones dicen algo Américo Cristófalo y Hugo Savino. La abundancia de sus notas constituyen una viaje por toda las referencias de Baudelaire, además de añadir poemas no traducidos sobre Bélgica.
Ejemplos: cuando Baudelaire llama a Rubens “ granuja vestido de raso”, las notas nos recuerdan su elogio en Los Faros, o cuando se refiere a Namur se nos aclara que ahí existió una antigua sociedad, los pinzoneros, que ejercían la práctica de arrancarles los ojos a esos pájaros con el pretexto de que así cantaban mejor. 
Bélgica deshabillé - título original, que alude a un país sorprendido en paños menores - , no fue escrito para ser editado en sentido contractual sino por la imposibilidad de publicar que fue, además de las conferencias y mantenerse lejos de los acreedores, el objetivo de su viaje y éste es un elemento importante en la rescisión del contrato social. Es diferente no sólo a su obra sino exterior a un siglo y constituye uno de los textos más contundentes por parte de quien leía Tartufo de Molière como un panfleto.
Después de Sainte Beuve- que terminó siendo senador - hubo un Paul Valéry que leyó su obra como la aplicación de las teorías de Poe, la torpeza surrealista y la voluntad sartreana de querer disolver el talento en cuestiones de conciencia que influye en las interpretaciones a partir de los sesenta. Habría que hacer la historia de las lecturas de Baudelaire, que no pocas veces han coincidido con la apertura de un proceso. Hoy la orden del clero mediático es : no pensar demasiado, no formular ningún problema intelectual. Mithos y thanatos la emprenden contra eros y logos. Lo de Sartre, en comparación, suena a osadía. Las lecturas de  Georges Bataille y Walter  Benjamin se han negado a darle una solución. Este último nos dice que no hay que tomar demasiado en serio el satanismo de Baudelaire. ¿ Por qué no hacerlo?  
Leamos Las Letanías de Satán, donde el poeta le ruega al demonio que se apiade de él: “ Pere adoptif de ceux qu’ en su noire colere/Du paradis terrestre a chassés Dieu le Pére/ Oh Satán,  prends pieté de mi longue misere!”
El demonio en las letanías ya suena a evocación, como cosa del pasado: mi hipótesis es que el demonio murió de aburrimiento, acaso refugiado en una iglesia, por la devaluación de la mercancía alma que era su preciado objeto de caída y desvelo.
O tal vez el demonio fue asesinado, como escribió Stevens, o fue un blanco entre otros de ese ejército que en El Porvenir de la Ciencia Renán anuncia que marcha invencible a la conquista de lo perfecto. Ese ejército del progreso no tiene en Bruselas, a diferencia de París, ninguna resistencia. El problema no es la muerte misma del demonio- que existió en tanto encarnaba en los cuerpos - sino su resurrección no teológica: la que da lugar a ese puritanismo exacerbado que es el nazismo que derivó en el tópico de la banalidad del mal, comentado en el prólogo de Cristófalo y Savino: “El hombre del progreso convertido en difamador. El artista bien informado, el que sabe cotizar. La rabiosa religión de la lámpara de gas que recae en ilusión, en mito y que encima cree haber alcanzado la cima de lo antireligioso.”
Bélgica es una tierra donde no florecen las flores del mal. Está lejos de Jeanne Duval, la negra alcohólica, que siempre reaparece como obsesión única entre las otras mujeres,  que no sólo lo engaña y lo considera un fracasado sino que no valora su obra en lo más mínimo, haciendo eco con el director del diario que le corrige los versos y académicos que le temen o  se burlan de él. La poesía que considera verdadera es desechada en Francia y lo expresa a su amigo Laconte de Lisle: “todos los elegíacos son canallas”.
Tal vez pensaba en la vulgaridad de Jeanne cuando escribió: “ La mujer es lo contrario del dandy. Por lo tanto, ella debe producirle horror. La mujer es natural, es decir, abominable.” Eso contrasta con cartas de amor a diversas musas que aparecen.
En Bélgica, tampoco está Ancelle, “ la llaga de mi vida”, el notario que retiene sus fondos y  cuyas preguntas - “ ¿ Quiere usted a su madre? ¿ Cree usted en Dios? Hay un Dios, ¿ no es verdad?” le causan ataques de nervios. Está ante pequeños burgueses como Ancelle, que “ conoce tanto de literatura como un elefante de bailar boleros”, pero en un estado terminal que hace imposible agredirlos.
Sus peleas anteriores son imposibles en un país donde no tiene relevancia el principio de arlequín o de la uniformidad de Leibniz enunciado por el personaje de comedia: todo es como aquí en todas las cosas. Nada, comprueba Baudelaire, es como aquí, pero está en vías de serlo. Es un lugar de cultivo para el ideal humanitario de un Victor Hugo y el ocultismo de un Alan Kardec. Siempre ha sido así, hasta la New Age: cierto progresismo ha sido complementario de ocultistas y espiritistas.
Este lugar tan de excepción por su necedad está a punto de convertirse en medida y esto - la idea de que el mundo será belga- es lo que fascina a Baudelaire hasta hacerlo retornar a Namur para terminar su libro. Ahí se vuelve afásico y sufre un ataque de apoplejía fatal.
La sensibilidad de  Baudelaire es antipuritana y antigótica. Lo advertimos en su repugnancia por Brujas: “Ciudad fantasma, ciudad momia, más o menos conservada. Huele a muerte, Edad Media, Venecia en negro, los espectros rutinarios y las tumbas”, en su recurrente caracterización de las iglesias, en la afirmación de lo jesuítico, especialmente en Amberes, ciudad que le encanta. En Sade la naturaleza no puede satisfacerse sino en su propia destrucción. Flaubert piensa que para destruirla hay previamente que exaltarla. En los cuadernos, Flaubert reconoce que Sade “ representa “la última palabra del catolicismo” en tanto responde al “ espíritu de inquisición, al espíritu de tortura de la Iglesia de la Edad Media, el horror de la naturaleza, ¿ han observado que no hay ni un animal ni un árbol en Sade? El goce y el horror de la naturaleza le parecen tan íntimamente ligados que uno supone fatalmente el otro”.
En La leyenda de San Julián el hospitalario, Flaubert retoma la vena sádica de la leyenda medieval. Julián comprueba en su frenesí contra las cosas que ellas no pueden destruirse infinitamente cuando por error mata a su madre y a su padre, cumpliendo una profecía: el héroe de la crueldad tiene que destruirse a sí mismo y esto coincide con la santidad de un heroísmo premoderno que no distingue al protagonista de un sonámbulo que sin embargo anuncia un posterior malestar. El héroe premoderno se enfrenta a la ley o reconcilia con Dios, pero el héroe moderno se extravía en un laberinto de controles y de normas. Balzac ya compadecía a las mujeres que querían tejer sus historias amorosas. Esto le resulta imposible en una civilización que hace consignar la entrada y salida de carruajes, cuenta las cartas y pronto tendrá el país  “ catastrado hasta en su mínima parcela”.
Es Benjamin, en su análisis del héroe moderno, quien examina la red de controles que se acentúa con la revolución y va coartando cada vez más la vida burguesa. Afirma que en los barrios proletarios hubo resistencia a que se numeraran las casas. Baudelaire -escribe Benjamin- se hallaba perjudicado como un criminal cualquiera por ese empeño. París ya no es la patria del flâneur y en pocos años tiene catorce direcciones: no trataba sólo de escapar de los acreedores .
El vagabundeo acontece en el resguardo de la multitud donde nadie está del todo claro para el otro ni nadie es al mismo tiempo del todo impenetrable. Hausmann es el “urbanista” que termina con las barricadas : la arquitectura responde a la mirada del jefe de policía.
 La anchura de las calles establece el camino más corto entre los cuarteles y los barrios obreros. Benjamin se refiere a  la experiencia belga de Baudelaire en las Iluminaciones: “No hay escaparates en las tiendas. El callejeo, tan grato a los pueblos dotados de imaginación, es imposible en Bruselas. No hay nada que ver y los caminos son imposibles. Baudelaire amaba la soledad, pero la quería en la multitud”
En los Paraísos leemos la confesión siguiente: “ Por regla general, los pocos individuos que me han resultado antipáticos en este mundo eran personas que tenían una posición económica próspera y gozaban de buena reputación. Por el contrario, recuerdo a todos los sinverguenzas que he conocido, que no han sido pocos, con agrado y con ternura”.
En Bruselas, lejos de los simpáticos personajes de la bohemia, su editor extravagante, Poulet- Malassis que termina más arruinado que él o el admirado aguafuertista Meryon al que intenta ayudar en vano, tropieza con un perpetuo purgatorio de una decencia que es la fachada torpe de la impostura. A un belga - escribe - no puede ocurrírsele que el elogio de un hombre por otro sea desinteresado porque carece de la facultad de admirar. Tienen, en cambio, una profunda credulidad para la cual cualquier cosa puede ser objeto de culto. Nos habla de librepensadores que creen en los aparecidos, de los ejercicios de retórica militar que cuentan batallas imaginarias, del rey que echa al médico cuando lo alerta acerca de la muerte, de crímenes más atroces y estúpidos que en otras partes, mujeres que insultan si le les ofrecen flores, de su familiaridad y desprecio por el hombre célebre, de la venalidad de las costumbres electorales y lo barato que cuesta comprar bancas en la cámara de diputados a diferencia de otros países : “ Esta gente sólo piensa en montón. Relatáis una anécdota cómica : os miran con ojos tristes y aire afligido! Os burláis de ellos, se sienten halagados y creen que los felicitan ! Curiosidad por los asuntos ajenos. Goce con las desdichas del otro. Un obrero francés es un príncipe en comparación con un aristócrata belga. La pobreza es una gran deshonra. Barbarie de los juegos infantiles. Pájaros atados con una pata a un palo. No estar conforme es un gran delito. Nada de latín ni de griego. Nada de filosofía. Nada de poesía. Estudios profesionales. Educación para hacer ingenieros o banqueros”.
Baudelaire se declara  espía, parricida y pederasta. Por esa confesión, sus anfitriones concluyen que Wagner también debía de serlo. Detalla una cultura sordamente infantilizada, donde la renuencia contra la muerte y el desconocimiento del crimen son signos de una progresiva imbecilidad : “ Las personas que llaman a Booth criminal son las mismas que adoran a la Corday”.
Arthur Power dijo que a Joyce le fascinaban los pubs que rodeaban la Christ Church porque le recordaban las “tabernas medievales en que se codean lo sagrado y lo obseno”. Baudelaire, en cambio, se encuentra ante una arquitectura donde hay jarrones de flores en los frontones y caballos sobre los tejados : es lo que denomina estilo juguete.  Son tiempos sombríos para el libertinaje. Reina la moral de las nuevas inquisiciones colectivas.
Baudelaire se declara incompetente con las belgas. Es el gótico el que torna a las jóvenes y bellas en doncellas ya viejas. El mal en la tradición  gótica es afantasmado, nunca hecho a sabiendas. Nada evoca a esa mujer, la prostituta de su poema Alegoría sobre el que giran todas las flores del mal. Las citas de la prensa belga permiten inferir a lo que se enfrenta : “ Los hombres son solidarios, deben unirse en el gran principio de la mutualidad y rechazar cualquier idea extrahumana que no tiene fundamento en parte alguna. Guerra a Dios! El progreso consiste en eso!”
“ De toda la política sólo entiendo una cosa: la revuelta”, escribió Flaubert, expresando en prosa lo que en Baudelaire, blandiendo un arma en una esquina de París, era grito: abajo el general Aupick! Ese espíritu de bohemia coexistía con lo que Marx llamaba conspiradores profesionales “ que dedican su actividad a la conjura y viven de ella”
Nada de eso es posible en Bélgica: “ Nunca he comprendido tan bien como al verla la necesidad absoluta de convicciones. Añadamos que cuando se les habla de revolución seriamente se espantan. Viejas doncellas virtuosas. Por mi parte, cuando consiento en ser republicano, hago el mal a sabiendas. Si! Viva la Revolución! Siempre a pesar de todo! Pero no me engaño, nunca me engañé! Digo: viva la Revolución! como diría viva la destrucción! Viva la expiación!, viva el castigo!, Viva la Muerte! No sólo me alegraría de ser víctima, sino que no aborrecería ser verdugo, para sentir la Revolución de dos maneras!”
Las convicciones son las que lo aproximan al dogma de la iglesia, a la encíclica de 1864 y al Syllabus de Pío IX,  donde se condena al socialismo, al liberalismo y a los nuevos cultos. 
Baudelaire no es un  reaccionario ultramontano, en el sentido de un Joseph de Maistre, sino un sujeto moderno y por lo tanto complejo. Como si el rechazo de esas nuevas devociones lo llevara a afirmarse en el dogma y eso tuviera que ver con la posibilidad misma del sujeto. Con la misma sonrisa : “ La sonrisa es prácticamente imposible. Los músculos de sus rostros no son lo bastante 0flexibles para prestarse a ese movimiento suave”. Están citados los diarios belgas, los discursos parlamentarios, los entierros patéticos y desopilantes.
Hay que detenerse en La renegación de San Pedro, poema donde se prueba que hay que renegar- o blasfemar- bien: el otro, Dios o el diablo, como diría Artl, no dejan de responder a esa resonancia. En Bélgica la blasfemia,  la invectiva y la invocación se vuelven tan superfluas como el spleen o la poesía.
En Bélgica el discurso del Bien - donde el mal es la diferencia, la singularidad, el arte- poco tiene que ver con la definición de Baudelaire del bien como un arte. La doxa belga no es ajena a un estado productor de ficción que reproduce el suicidio de las instituciones republicanas. Baudelaire no podrá ver con sus ojos la caída del segundo imperio tras la vergonzante capitulación francesa en Sedán en 1870. El affaire Dreyfus está en el horizonte.
Leemos en el Brumario de Marx: “ Cuando los puritanos se quejaban en el concilio de Constanza de la vida licenciosa de los Papas...tronaba contra ellos el cardenal Pierre d’ Aille: sólo el diablo en persona puede salvar a la Iglesia católica y vosotros reclamáis ángeles”.
La burguesía francesa no dice exactamente eso. Menos todavía Bélgica: un país donde la lucha de clases es sustituida por la de los lugares y donde la abdicación del individuo es total. No se trata de la clásica burguesía francesa a la que apuntan utopistas y conspiradores que de pronto se reflejan en el trapero o el poeta. 
No es descabellado argumentar que todo lo que va a acontecer en el siglo XX, desde las carnicerías de la primera guerra hasta los campos de concentración, sin olvidar la Cheka de Lenin y el genocidio de Mao en el Tibet, la tortura refinada de los estados modernos, la inminencia mortífera de una lengua única, la postulación de seres correctamente genéticos, subyacen en germen en los hábitos de estos avanzados muertos-vivientes. También que la aldea planetaria, con su lógica implícita - a mayor globalización, mayor segregación- está en la Bélgica de fines de siglo en pequeña escala.
La burguesía se presenta en un estado terminal que no tiene opositores que no sean su reflejo. Su insólitos herederos serán los comunistas que a los defectos del burgués- hipócrita- añaden una termodinámica máquina de matar que Laurent Dispot analizó en Lenin.  Pobre Bélgica es el testamento de Baudelaire, un libro político que nos dice que la poesía es posible, sólo que su exigencia nace de la imposibilidad misma de la alegoría en una modernidad cuyas dos caras son la subjetivación y la racionalización que Baudelaire, lejos de hallar una solución,  vive en carne propia desde un lugar asocial. 
Algunos no pasarán por alto que en muchas frases del libro se puede sustituir argentino por belga sin forzar analogías.


Baudelaire : el comediante papal, Diario de Poesía, N 57, otono  2001

jueves, 24 de abril de 2014

Los pájaros han dejado de cantar. Por Liliana Guaragno.






¿Qué es ese ruido sobre el techo? ¿Arrastre de alas? Pájaros, pájaros. Deben ser ellos, ¿juegan? ¿copulan? Sobre el techo de cartón corrugado.

En el techo del baño, láminas de acrílico transparente. Y no, de día, no hay que encender la luz. Alguien entró, y al salir quería apagar tanta luminosidad. Oprimió la llave y entonces se dio cuenta.

Afuera. Diciembre. Afuera, las espinas de la acacia, las olorosas flores del jazmín del país, los racimos amarillos de un árbol enorme cuyo nombre desconozco, los racimos blanquísimos del ligustre, el tilo oloroso, las capsulas leñosas algo abiertas que dejan escapar las semillas colgantes del jacarandá. Pájaros de otras regiones  llegaron para quedarse aquí, con los nuestros, en esta zona de trinos.

La alergia ciudadana, el gran bonete de la estrategia, el peligro de los viejos árboles. Cortar, cortar sus ramas- dice el muchacho que recoge las hojas de la calle los martes- todos los martes mañaneros. Hojas amontonadas por la escoba. Veredas rotas por raíces y autos. Estacionan autos en las veredas. La acacia molesta. Sus pinches, sus raíces que se extienden con brotes frescos. ¿Tendré que sacarlo?



Hoy ha muerto Josefina, la cantante- con su peluca cubriendo la cabeza pelada por el cáncer. Fue el cigarrillo, dicen. La cantante calva pidió que la hicieran cenizas y las arrojaran al sucio Río de la Plata.

Su hija ha guardado un poco de ese polvo gris en una bolsita- como una reliquia. Santa, que tal vez lo sea-. ¿Por qué no? Tanta estupidez rodeándola, hizo que dejara el habla cotidiana para sólo cantar.  Aunque nunca fue de hablar mucho, un sí o un no de vez en cuando. Pero sí cantaba aquí, o allá o más allá. Pobre, pobre, decía la mayoría de los envidiosos, las mujeres competitivas, los machos rechazados- y su gran amor, esa  ilusión -, oculto; su menos grande amor, oculto; su imberbe amor, semioculto en la oscuridad parloteaba con Carmen, la hija que no cantaba, pero era partera.

Como partera odiaba los arpegios de su madre que se le confundían con los gritos de las parturientas y los llantos de los bebés que horadan la cabeza. Pero al fin quedó a propósito sorda, entonces admiraba las palabras del canto de su madre leyéndole la boca, entendiendo los tremendos tangos de la Papusa, Estercita, Malasangre y todas esas letras que culpaban a Eva- la primera mujer-, y a todas las Evas del mundo, en la voz de los hombres que al perderlas en un sentido, y perderlas en otro, las extrañan entre gemidos.

Ya de viejos tocan la guitarra, y cantan Pobre mi madre querida. La madre, salvada de entre las otras, las perdidas.

La hija de la cantante cada vez tenía menos trabajo en las mismas horas de aguante, -poco que aguantar-: Las chicas querían cesárea.

-Pero la cesárea es una operación y toda operación tiene riesgos…decía el Dr. Must ya jubilado, tratando de olvidarse- algo imposible- de la certeza de que sus hijos le llevarían a sus nietos ese día, y otro, y otro. El Dr. Must quería dedicarse a él, a su escritura, a sus lecturas. ¡Y qué buenos sus poemas! ¡Cómo se reía al contar algunos pasajes de La potra! ¡Cómo le gustaba Felisberto y los de principios del XX, Apollinaire, Dadá, el surrealismo!

Pero esa vez, con la cantante calva muerta, permanecía sombrío, tolerando la repetición infinita de Adiós Nonino. Hasta el cansancio.

No fue mucha gente al velorio, sólo los principales de la ciudad comenzando por el Intendente. Dar el pésame a la hija, Carmen (con ese nombre y partera). Recuerda el Dr. Must las parteras del Ulysses –esas que tiraban las semillas al cemento desde lo alto de una torre. ¿Desde lo alto de una torre? Como sembrar en la arena.

Las parteras que ha conocido el Dr. Must no tienen hijos. Las semillas se derraman sobre los muslos y las sábanas, o quedan encerradas en el hueco de un diafragma o de un delicado preservativo. Ah, la libertad de acostarse libre de retoños. ¿Para qué más hijos? Esa pregunta se la hizo el Dr. Must -ya de viejo. Él, que había fecundado a su mujer seis veces. Ahora, atemorizado, veía que todo se sexoplicaba. Horrorizado ya ante el mundo, lejos de las ilusiones. Y eso pasa de viejo, ya que se dan cuenta- ciertos viejos-, de la degradación del mundo.

Ese día, el día del velorio, fue el día en que Carmen perdió su sordera. Hubiera sido un halago para su madre, pero ya su madre jamás oiría, ni cantaría, ni nada.

Para colmo algunos decían: -¡Pobre! Taan joven.

La gente esa estaba realmente loca, porque Josefina- la últimamente cantante calva a causa del tratamiento de su cáncer-, había cumplido un mes atrás sus 82 años. Seguramente los que armaban esa consabida  e inadecuada frase debían creerse eternos.

Y el cáncer fue lento y saludable. Dicen que no sufrió, en los que serían los peores momentos, gracias al Dr. Must que le recetaba remedios homeopáticos, y ella, la cantante, vivió- aunque pelada por antiguos remedios de prestigiosos doctores-, los últimos tiempos en paz.

Atea convencida, Josefina logró intuir que algo imposible al pensamiento lógico existía más allá de ella y de los otros. No la habían bautizado, ni había tomado la comunión, etcétera. Es decir, no tuvo idea hasta muy tarde de lo que se llamaba Dios, o dios.

Ella había participado un breve período -y poco-, en política. Yo la conocí  el segundo día de ese accidente fatal en que murieron dos amigos, en el que se me ocurrió sugerirle  a la Presidente del P.C. de esta ciudad que hiciéramos una misa para Nilda y Santiago -algo simbólico le dije-, pero ella se espantó de mis palabras como si yo fuera el diablo. Por el duelo, dije. Ella gritó: Están y estarán siempre vivos.

Hacía rato que Josefina se había distanciado del grupo para seguir la veta del tango en su cuerpo, y, en estos últimos tiempos decidió disimular esa extensión del pensamiento hacia lo ineluctable, para que sus antiguas compañeras del Partido no se aterrorizaran e hicieran la señal de la cruz -por hábito infantil- ante el demonio, si a Josefina se le llegara a escapar de la boca algo relacionado con la idea de Dios o dios. Y, sí,  algo se le escapó de la manga.

-Pero hay que perdonarla, se está muriendo, dijo una ex santa pero de óptima asistencia social a sus compañeras, cuando alguien sopló - el viento hizo oír sus palabras-, chismeó -digamos-, que un sacerdote había ido a  darle la Extremaunción. ¡Qué papelón! Sí, un papelón.

Silencio sobre el tema.

La debilidad humana será perdonada. Será perdonada. Perdónanos, Señor- Dios que no existes. Dios que nos dejas librados a este mundo infernal- guerras- guerras santas-guerras pecaminosas- económicas- mentales- poderosos totalitarios- gobiernos mediocres- tiranos- tiranos alabados- caudillos latinoamericanos- falsos mesías- huevos- gallinas- sexo- perros-. Ah, si no fuera por los árboles, los cantos, los pájaros. Pero sobre todo los árboles- que no son de carne. La carne, el mundo, el pecado. Ah. Ah. Pero si ella- Josefina-, no estudió el catecismo. ¿Cómo temer al pecado? Ah, la transgresión de las normas, ¿o acaso no conocemos la frase ‘He visto a Dios’? Eso es la Nada -es decir- Dios.

¿Qué pájaro está trinando ahora? Prii-prii, piu-iu-ii. ¿Un benteveo? ¿Un zorzal? Sí, ambos, y más. Leer Aves del Plata. Hudson remeda increíblemente el piar de algunos pájaros en Mansiones Verdes, una novela romántica –perfecta- (limitada al pasarse al  cine).



Sentada a la mesa  la amiga de Josefina, escribe “Flor- Florencia- Firenze-. Oh, maravilla de Siena, oh, maravilla de los ojos sobre el Arno”. Florencia- a quien llaman Flor- amiga de Josefina Winter, la cantante que suprimió su apellido por inglés e invernal-escribe, escribe todo lo que le pasa por su cabeza pero jamás se le ocurrió ser escritora, por ende jamás publicó un libro.  Ahora Flor acaba de jugar con su nombre, la ciudad homónima, etcétera, ya que había podido viajar a Italia, la tierra natal de su madre.

Es amiga del Dr. Must y mucho más de Josefina, a quien admiraba poderosamente…Llegaba al delirio al escuchar su voz, su voz que sólo seguirá oyéndose a través de la radio y las grabaciones.

Justamente hoy, mediodía de sábado, el Juez en lo Laboral, cuyo programa sobre tango es de lo más logrado e interesante, ha pasado por la radio Loca, cantado por Josefina Winter, nacida de padres ingleses en La Colonia. Aunque Josefina había rechazado la discreta e insoportable cultura inglesa, las rigurosas maneras en la mesa, en el recibidor, en el campo, no así el diálogo irónico, ni el amor por los galgos y caballos. Es decir, jamás pudo desembarazarse del todo de esa cultura en casa: quería y sufría muchísimo por los animales, y casi nada por los humanos.

Flor había comenzado a escribir sobre Josefina: “Fue en su larga juventud una buenísima amazona, además de tenista y nadadora de primera. Caminaba cuarenta cuadras por día para mantener agilidad y energía. Pero a ocultas escuchaba tangos, y tarareaba, y al fin llegó a cantarlos a toda voz.

Su madre decía ¡Qué horror! ¡Ah! ¡Qué horror! Su padre decía Sí, es un horror, y tomaba del hombro a su esposa. Un consuelo de hombre firme, de hogar, para con su mujer. Abogado, para colmo.

Josefina escuchaba a Goyeneche cuando Goyeneche tenía voz, y lo siguió escuchando hasta cuando se le fue aflojando el gaznate para curtir la ronquera, y ese signo de aspiración que no suprimían en los discos. Le gustaba Gardel, pero más aún Raúl Verón.

Y esa vez, tal vez la última vez, escuchó: No pensé jamás lograr tu corazón/ Y sin embargo te busqué, sin importarme que eras buena  –con arreglos de Atilio Stamponi-. Y recordó, y lloró un poco.

Josefina Winter se reveló a los 22 años, había sufrido el despecho de su primer amor, la envidia de sus iguales, y ese momento de quiebre con sus padres: la máxima y única discusión -moderada por su alma inglesa aunque apóstata-, con sus viejos. Adiós a la casita de los viejos. Josefina se expulsó a sí misma, pero no sin dinero. El dinero no le faltaba sino que le sobraba, y la madre, llorando -ya caída en la realidad y en la pena-, la ayudó y la ayudaría durante años a ocultas del padre a quien la hija no podría ver en adelante.

El padre odiaba tanto el tango, como a los compadritos y a la masa de las canchas; a pesar de que fueron ellos, los ingleses, los que trajeron el football, -fútbol en cristiano.

Madre y padre habían ido abandonando gradualmente la pertenencia a la Iglesia Anglicana, en medio de los muchos anglicanos inmigrantes o hijos de inmigrantes.

Tal vez Josefina había  sentido algo más, esa ilusión de cristal, cuando le pasó lo de Grisel, y besó el Cristo aquel, y pensó que él, el que la engañó, vivía enloquecido porque no la olvidó, y deseaba eso que ella reprimía, acordarse de él. Pero el Cristo aquel era sólo un hombre que la sedujo, y ella no pudo negar el jugo del amor y ahí, bueno, -eran otras épocas-, fue la tragedia. Aunque él le cantara: difícil es caminar las calles y las plazas sin el sol de este verano.

Josefina: una mocosa según su madre; una putita, según su padre -que la rechazó por siempre jamás-.”



Flor fue la única amiga que la ayudó en ese período crítico de su vida, los demás le dieron vuelta la cara. “Cuando Josefina llegó a ser famosa, alrededor de los 26 años, volvieron a dorarle la píldora. Ella los miraba con cara de nada. No era de hablar mucho y pronto se aburrían de sus silencios, y se iban sin ser echados, tal como habían llegado, sin ser llamados”.

En esa época era terrible perder la virginidad. Josefina estaba marcada, ¿qué sería de ella?, se preguntaba, ya abandonada, ya embarazada, ya decidida a desembarazarse con el dinero que le había dado su madre. Su madre que en las sombras la visitaba en la pensión donde se había recluido en la primera etapa de su soledad. Josefina no lloraba, no contaba su desgracia, no mostraba su dolor. Ella se ahogaba sin poder gritar: luché a tu lado y te perdí.

Alguna que otra confesión escuchaban los oídos de Flor, y alguna vez, Josefina deseó ser como Flor: una mujercita equilibrada, trabajadora y de padres obreros, bien amada por ellos y luego por un muchacho con quien se casó, tuvo hijos, una mujer madura que pudo hacer un viaje a Florencia y Nápoles con su esposo, etcétera, aunque no le quedara tiempo para escribir la biografía completa de Josefina, cuyos papeles -bastante incompletos-, me dio para que yo, demasiado joven para saber tantas cosas de ese pasado, pudiera escribir algo, aunque fuera poco, sobre Josefina, la cantante de tango que había volado al otro mundo un jueves a media mañana, a los 82 años. En lo que leí sobre ella, faltaban otros amores y amoríos, sus giras, sus internaciones- si las hubo. Será cuestión de leer algunos reportajes o notas en las revistas, a pesar de que Josefina huía de esas situaciones.

Y debo aclarar, que Josefina nunca se desembarazó, y crió como pudo  a su hija Carmencita, que se transformó en Carmen, que estudió para partera, que nunca se casó, ni tuvo hijos, que entró en la sordera para evitar berridos en los que incluyó la voz de mezzo-soprano de su madre, para recuperar al fin el oído  a su muerte, tal vez pagando la culpa de no haberla querido tanto.



Ah, el silencio. Es mediodía. Los pájaros han dejado de cantar.


sábado, 12 de abril de 2014

Montaigne y el mercado del amor. Por Luis Thonis.

Cupido:
"Siempre
los enamorados tendrán buen tiempo
Siempre y en todos los tiempos
los enamorados tendrán buen tiempo."

Cymbalum Mundi, Alción editora, 2014.



Lo primero que ocupa a Montaigne cuando trata el tema del amor es la diferencia entre decir y hacer. Este maestro osado de la primera persona funda entre el libro y él un espacio de mutuos oficios y servicios. Un quiasmo une al libro que escribe con el yo que lo enuncia con una prosa aguda “a salto de mata”. Se lo considera el creador del ensayo moderno. Ensayar para Montaigne es reconocer que hay “tanta diferencia entre mí y yo mismo que entre el yo y el otro”.
Esta diferencia se suele evitar con el uso convencional de la tercera persona y desaparece totalmente en el paper como suma de clichés académicos que es lo contrario del riesgo. Abolir definitivamente el salto de mata es la pasión actual de la república de los profesores como lo recuerda Hugo Savino, autor de un notable libro con ese nombre.
El amor pertenece a las Musas, es un acontecimiento que desgarra las nubes descendiendo del cielo. Pero es también un mercado y una forma de comercio. No es ilegal ni necesariamente clandestino pero es una palabra reprimida, no explicitada por la fuerza de las convenciones sociales que prescriben hacer silencio sobre la sexualidad y no nombrarla, una escritura interior más imprimida que expresada y que sólo la poesía puede dar cuenta de este lenguaje que piensa como oculto. En textos de Virgilio y de Lucrecio reconoce “yo no sé qué aire más amoroso que el amor mismo”.
Al mismo tiempo que reprocha a sus contemporáneos su hipocresía, agradece a estos escritores enunciar el amor en una lengua de claroscuros que cautiva la imaginación. 
La obra de Montaigne no conoce los vientos calientes ni las tormentas de la historia ni las ilusorias brisas calmas del progreso: todavía no habían sido inventados. Vivió en un siglo sangriento, de guerra entre católicos y protestantes pero utilizó la palabra Historia en singular. El ángel de la historia, el cuadro de Paul Klee hubieran sido para él un cuadro vacío en un cuadro desierto pintado por Velázquez. Se refiere al progreso ordinario de la naturaleza como si las generaciones humanas transcurrieran a su ritmo y el árbol de Homero permaneciera con su tronco intacto. Nada afecta a sus líneas de transmisión, hay tragedias pero nunca efectos de catástrofe que se sitúa en un más allá de lo trágico y para las cuales no hay un género posible, sólo una arbitrariedad anárquica que se presenta ante cada historiador que respete su oficio. En su estilo político- le habla a la polis- innovar se opone a conservar, contrasta con las "nouvellez". Esta oposición semántica propia de las lenguas europeas del siglo XVI es diferente a las convenciones actuales: hoy el concepto de conservador y de conservadurismo se define respecto del progreso y por simetría de sufijos al progresismo en general que ha pasado de creer que existe un texto ya escrito de la Historia- en el sentido de Lefort: "el Partido escribe la historia"- a un simplificador ye inquietante buenismo: el historiador o el hermeneuta se define como bueno, como habitante de Imperio del Bien, luego todo lo que dice es cierto, quien lo refuta son implícitamente enemigos del género humano. 
La innovación de Montaigne a partir de siglo XIX se traduce a revolución en la que hoy podemos ver la palabra más siniestra de la lengua por las experiencias que ha dado lugar y que un mínimo de honestidad deontológica debería evitar pronunciar. El sistema semántico actual no puede evitar darles un signo de positividad a lo que se enuncia con el nombre de progreso, pero más todavía a progresismo- por obra de un sufijo- y el término revolución, inseparable ya del discurso del mito. Montaige se hubiera reído al enterarse que Horkheimer hizo una sinonimia entre progreso y "humanismo activo" que culminaría por hacer del humanismo un buenismo simplón. A partir de entonces la historia se convierte en una guerra de sinonimias en función de algo que no existe como la siniestra resolución de la ONU de 1976, lograda por la complicidad de la Unión Soviética y los estados árabes que identifica al sionismo con el racismo. No se hubiera asombrado tanto de la definición que dio Orwell de sí mismo de anarquista conservador luego de su experiencia en Cataluña. Le hubiera preguntado por qué dijo que la primera tarea del intelectual era combatir al marxismo leninismo en todos los frentes. Orwell le hubiera dicho que era un concepto empírico, evidente en sí mismo y le hubiera dado leer su libro Homenaje a Cataluña y mostrado el negacionismo que los comunistas y la izquierda de su época practicaron con él hasta convertirlo en "agente de" desde la infamia y las teorías de la conspiración. Lograron su objetivo al extremo que todavía pocos saben lo que sucedió. No se hubiera imaginado que la Historia como discurso del mito triunfaría en función de un Otro que no existe y dejaría millones de muertos en el nazismo y el comunismo en función de ese otro que es una raza o una clase elegida. No lo hubiera sorprendido una historia en clave de Kafka que parte de los mínimos detalles y donde resuena el Tácito que afirma que los acontecimientos más extraordinarios nos son desconocidos, pasan delante de nuestras narices sin que se lo advierta, no por la influencia del clima o de los planetas como se creía entonces sino por la potencia combianadas de una voluntad de ignorar y una voluntad de creer de ese historicismo que convierte a los hombres en muertos que gozan de licencia.
 Montaigne era católico, todavía el sexo no ha sido descubierto por los libertinos que anticipa, estamos felizmente lejos de Rousseau y de los puritanos y toma en cuenta la fuerza de encarnación del sexo en el lenguaje. Contario al manierismo, sólo se interesa en la poesía que se hace “carne y hueso” y donde los el significado es sobreabundante en relación a un sentido primero. No se conforma con el simple amor, quiere que este avance, conquiste nuevos territorios y se multiplique. Se podría decir que en su vida hay etapas donde siempre conserva su independencia. En su juventud se entrega al laisser –aller, un dejarse ir pasivo que se enreda en las pasiones más extremas. Habla de un “servicio” que les hace a las mujeres y a sí mismo. , de un comercio sólo apto para quienes tienen un cuerpo que “puede mucho”.
El cuerpo de Montaigne era por cierto diferente a la mayoría de sus contemporáneos y que sobrevivió “todas las rabias que los poetas que se dejan llevar sin orden y sin juicio”. Podría afirmar con Nietzche que la juventud no se encuentra sino en la madurez. El dejarse llevar pasivo nos conduce al “furor”. Llama mercado al mundo amoroso: “Yo encontré en este mercado cuando era dueño de mi mismo, una justa moderación entre dos extremos.” Ninguna novedad: Montaigne sabe de los engaños de Cupido y que la más inocente de las mosquitas muertas puede dar sorpresas como las que tuvo Casanova en el affaire Charpillon. ¿Qué relación hay entre los sentimientos fingidos y los verdaderos? A veces nos engaña el propio lenguaje que está lleno de trampas y espejismos. La seducción mediante el engaño le interesa poco y comenta las “traiciones ordinarias de los hombres de hoy”. No ve qué fruto puede obtenerse de “esta farsa”. Antes que el mito de Don Juan se haya impuesto, sabe que el engañador o el burlador puede ser el mayor engañado y burlado. No lo condena en términos morales sino económicos, como si fuera un liberal ortodoxo: considera al donjuanismo un mercado nulo. Se muestra irónico con el matrimonio: “El matrimonio es una jaula: los pájaros fuera desesperan por entrar, pero los de dentro desesperan por salir”. Pero también se refiere al buen matrimonio, al bon mariage: “Es una dulce sociedad de vida, plena de constancia y de un número infinito de útiles y sólidos oficios y obligaciones mutuas. Esta fórmula está muy próxima a la con el que el mundo anglosajón concibe el matrimonio que no es ajena a las bien entendidas conveniencias. A veces lo ve próximo a la amistad. El amor puede ser también convertirse en sustituto de la amistad y contribuir a llevar un duelo. La muerte de su amigo La Boetie, el autor del ineludible ensayo sobre La servidumbre voluntaria, lo toca profundamente y busca en el “comercio amoroso” y la “diversión violenta” un modo de hacer el duelo con el amigo muerto. Jean Starobinsky afirma en Montaigne en mouvement que busca sustituir un recuerdo doloroso por un objeto presente, “una relación carnal(heterosexual) a una relación espiritual(homosexual)”. En vez de hundirse en la melancolía apela al mercado amoroso que es un intercambio respecto al deseo pero supone un previo reconocimiento del deseo femenino, algo que el burlador desconoce. Vive e intercambia en un mercado nulo. No tiene deseo sino una especie de hambre. Con su lista de almacenero, Don Juan le resultaría el ejemplo de un mal comerciante. A los burladores, que se atribuyen el derecho de establecer sus reglas de juego, se debe la desconfianza que tienen las mujeres. Montaigne se precia en este mercado no haber dicho una palabra de más ni una de menos a las mujeres. Piensa la relación erótica como una transacción donde el amante no tiene derecho a una “usurpación de autoridad”.
Así este comercio resulta lo contrario de una reificación, de una reducción a un “valor mercantil”, es una “convención libre”. Poseer un cuerpo sin su consentimiento no le parece diferente de la necrofilia, una negativa a considerar a la mujer como una igual como si la asimetría que nos constituye no fuera suficiente. 
La suya es una operación, una gestión de amor que pasa por el análisis de todas las maniobras de la reticencia y del pudor, de las máscaras y de la ilusión hasta llegar a proponer, prefigurando el dandy del siglo XIX, instruir a la coquetería de las mujeres: “ Apprenons aux dames a faire voloir, estimer, à nos amuser et á nous piper”.

Cuando los reumas y los achaques comienzan a anunciar la vejez, Montaigne que se ha burlado y desacreditado a la medicina de su época ante su “cuerpo abatido” piensa que es “excusable reanimarlo y sostenerlo por el arte” y mediante la fantasía hacerle recuperar la gracia y la alegría. El amor encuentra una nueva función, ajena al vertiginoso dejarse llevar de otras épocas: le exige ejercer una vigilancia sobre sí mismo y cuidar la sobriedad de su persona de modo que este mercado siga ofreciéndole beneficios.
A su vez, haciendo eco en una larga tradición y en lo arcaico se asombra que se utilicen tan poco las palabras “de nuestras cazas y nuestras guerras” en el amor porque como la hierba con el trasplante las formas de hablar se fortifican con éstas metáforas En el castillo que lleva su nombre hizo grabar como lema la exclamación ¿Qué sais-je? y ordenó acuñar con esta divisa una medalla cuyo dos platos se hallaban en equilibrio como el decir y el hacer de la frescura de sus Ensayos.

jueves, 10 de abril de 2014

La bella y la bestia. Por Rogelio Villarreal.

Dieudonné, Roger Waters y otros “antisionistas”

¿Cuáles son los límites entre el antisionismo y el antisemitismo? ¿Por qué muchas veces se acaban fundiendo en uno solo el odio a los judíos y la “crítica” —desinformada, casi siempre— a la política del Estado de Israel? De odios y boicots…
Dieudonné Mbala hace la "quenelle".
Dieudonné Mbala hace la “quenelle”.
I. Es hijo de una francesa, bretona, blanca, y un camerunés, negro, de la etnia ewondo; tiene 48 años de edad. En 1991 comenzó su carrera de comediante al lado de su amigo de la infancia, Élie Semoun, con quien montó shows en teatros y en la televisión en los que incluían sketches sobre los estereotipos de los negros y los judíos. El humor, ácido, no llegaba al escarnio ni al insulto. Dieudonné M’Bala es musulmán y Semoun es judío de origen marroquí, ambos de nacionalidad francesa. En una entrevista reciente para la televisión iraní Dieudonné hizo un llamado a los “cristianos perdidos” para convertirse al islam y combatir el sionismo, al que considera la encarnación de la injusticia, de la mentira y la manipulación; “El sionismo te aplastará, te dominará y te volverá un esclavo”, dijo ahí, y elogió a la revolución del ayatola Jomeini como un ejemplo para el mundo. De ahí a negar el Holocausto sólo había un paso, y lo dio: “Una invención de la mafia judía, pornografía de la memoria”, dijo en Argelia en 2005. Un año después viajaría a Líbano con el conspirólogo izquierdista Thierry Meyssan —autor de 9/11: The Big Lie—, el militante del Frente Nacional Frédéric Châtillon y el escritor Alain Soral para reunirse con combatientes de Hezbollah. Estas acciones y declaraciones le han ganado simpatías no solamente entre la extrema izquierda —sobre todo de la organización EuroPalestine—, sino también entre la ultraderecha francesa nacionalista, racista y neofascista, a pesar de que la piel del comediante es morena (aunque más clara que la de la ministra de Justicia Christiane Taubira, que ha sido denigrada por la ultraderecha católica y el diario Minute). La pareja de humoristas se deshizo en 1997, aunque hubo un reencuentro con resultados fallidos al año siguiente —Semoun lo acusó de haberlo estafado; a esa acusación Dieudonné le respondió: “¿Qué te pasa, acaso tus orígenes salen a la superficie?”
¿Qué pasó con Dieudonné? De izquierda en los años noventa, participó en campañas contra el racismo y por los derechos de los inmigrantes ilegales; con su partido Los Utopistas y en alianza con los ecologistas se lanzó como candidato a representante de una localidad en el centro de Francia contra una candidata del Frente Nacional, de Jean-Marie Le Pen.
¿Qué pasó con Dieudonné? De izquierda en los años noventa, participó en campañas contra el racismo y por los derechos de los inmigrantes ilegales; con su partido Los Utopistas y en alianza con los ecologistas se lanzó como candidato a representante de una localidad en el centro de Francia contra una candidata del Frente Nacional, de Jean-Marie Le Pen. A la vuelta del siglo se acercó al grupo radical estadounidense La Nación del Islam y enderezó su discurso contra los europeos y los judíos “sionistas” traficantes de esclavos durante la colonización de América. En 2002 Dieudonné solicitó apoyo económico al Centro Nacional de Cinematografía para producir la película Code Noir, sobre el tráfico de esclavos, que fue rechazado; por esa razón acusó al CNC de “sionista” y de medir con un doble rasero el racismo contra los negros y el racismo contra los judíos. “Los judíos son una secta, un fraude, son los peores de todos”, dijo Dieudonné a la revista Lyon Capitale en ese año. Se hizo amigo de su antiguo rival Le Pen, quien en 2008 accedió a ser padrino de su tercera hija, e invitó al negacionista Robert Faurisson a uno de sus shows, en los que se disfrazaba de judío ortodoxo que invitaba al público a unirse al “eje del bien” Washington-Tel Aviv y cerraba la pieza con un “Isra-Heil”! Dieudonné le dio un premio a Faurisson por su “insolencia descastada”, que recibió de una asistente vestida con el uniforme de los campos de concentración con una estrella de David prendida al pecho. Semoun le escribió entonces en una carta abierta: “Se acabó. Dieudonné está en otro lugar, en el mundo del odio. Es como si hubiera vivido junto a un psicópata o a un pederasta sin darme cuenta”, pero su viejo amigo decidió quedarse en ese mundo, cada vez más lejos del humor y más cerca del vituperio. En una de sus presentaciones dijo del periodista judío Patrick Cohen, de la estación de radio France Inter, que cada vez que oía su nombre pensaba en cámaras de gas, “Qué mal, ya no existen”, remató. En 2009 fundó la Liga Antisionista, en cuyos carteles propagandísticos aparecía haciendo la ahora famosa señal llamada quenelle —el brazo derecho extendido hacia abajo, en diagonal, y el izquierdo cruzado sobre el pecho—, con la que quería significar que “metería una quenelle en el culo del sionismo” (la palabra alude a unas croquetas de pescado alargadas). En esos carteles aparecía junto al espeluznante marxista Alain Soral, que fue alumno de Castoriadis, crítico de la “politización de los gays” y del feminismo —dice que prefiere los velos islámicos a las tangas—, admirador de Hugo Chávez, de Ahmadineyad y de Vladimir Putin y finalmente aliado de la extrema derecha de Le Pen —aunque no piensa, como en el Frente Nacional, que la islamización sea una amenaza; Soral también cree en el predominio financiero de los judíos en el mundo. (Un caso que recuerda al del marxista Roger Garaudy, que se convirtió al catolicismo después de la invasión soviética a Checoslovaquia y después al islam, llegando a defender las tesis negacionistas en su libro de 1995 Los mitos fundadores de la política israelí.)
"Por una Europa libre..."
“Por una Europa libre…”
En 2012 Dieudonné debutó como director con la película El antisemita (L’Antisémite), en la que él mismo caracteriza a un personaje alcohólico y violento que se disfraza de nazi en una fiesta. En el filme, producido por el Centro de Cine Documental y Experimental de Irán, donde se hace mofa de los prisioneros de los campos de concentración, también aparece Robert Faurisson.
La quenelle fue popularizada a fines de diciembre de 2013 por su amigo el futbolista Nicolas Anelka después de haber anotado el primer gol de la temporada en un juego de la Liga Inglesa. Como Dieudonné, Anelka —francés hijo de antillanos— asegura que no es racista ni antisemita, sino antisionista y “antisistema” —aunque la señal ha sido usada ya varias veces por manifestantes frente a sinagogas y escuelas judías y miles de personas se han retratado haciéndola para subir las fotos a los medios sociales de internet.
Dieudonné ha sido multado en varias ocasiones por sus chistes y comentarios antisemitas y es investigado por evasión fiscal. El nuevo espectáculo que presentaría Dieudonné a comienzos de 2014, El muro, fue prohibido por el ministro del Interior, Manuel Valls, lo que ha desencadenó una oleada de protestas y polémicas en torno a la libertad de expresión y, por supuesto, aumentó la popularidad del fantoche. Ante la intención de presentar su espectáculo en Inglaterra, el Ministerio del Interior le negó el permiso de entrada, a lo que Dieudonné respondió con una quenelle dedicada a la reina británica. Muchos creen que habría sido mejor ignorarlo y otros piensan que ya nada es sagrado y que se puede hacer humor incluso sobre los hornos y las cámaras de gas. La discusión durará seguramente varios meses, o años, en la antigua república ferozmente antisemita que se cimbró y dividió durante el caso Dreyfuss, a fines del siglo XIX, que fue invadida y cercenada por los nazis y que ha visto en los últimos años demasiados brotes de violencia y racismo contra árabes, africanos, gitanos y judíos.
El cerdo inflable que usa Waters en su espectáculo The Wall.
El cerdo inflable que usa Waters en su espectáculo The Wall.
II. El 1 de febrero el célebre músico Roger Waters, militante de todas las causas nobles, publicó en su muro de Facebook un mensaje para Neil Young y Scarlett Johansson* pues, se lamenta, ninguno de ellos respondió a una carta privada. A Young le pide que reconsidere su presentación en Israel —se lo pide también a Alicia Keys— y a Johansson le recrimina su “desinformación” sobre los derechos de los palestinos en Israel. La actriz estadounidense, como se sabe, renunció a su puesto de embajadora de Oxfam tras haber sido criticada por esa ONG debido al anuncio de SodaStream en el que ella recomienda la bebida (“Sorry Coke and Pepsi”). La compañía se encuentra en el asentamiento de Ma’ale Adumim, ocupado después de la Guerra de los Seis Días, y Johanson la defiende como un ejemplo de cooperación económica entre israelíes y palestinos: “la construcción de un puente para la paz entre un Israel democrático y Palestina, apoyando a los vecinos que trabajan en conjunto, recibiendo igual salario, igualdad de beneficios e igualdad de derechos”. Algo con lo que no están de acuerdo activistas como los que han organizado la —tome aire— Campaña Internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra la Colonización, el Apartheid y la Ocupación Israelí.
En Estados Unidos la American Studies Association también llamó a un boicot académico contra Israel pero, como responde el académico de Harvard Alan Dershowitz, no contra China, que encarcela a académicos disidentes, ni contra Irán, que ejecuta académicos disidentes, ni contra Rusia, cuyas universidades despiden a académicos disidentes.
En Estados Unidos la American Studies Association también llamó a un boicot académico contra Israel pero, como responde el académico de Harvard Alan Dershowitz, no contra China, que encarcela a académicos disidentes, ni contra Irán, que ejecuta académicos disidentes, ni contra Rusia, cuyas universidades despiden a académicos disidentes. “No fue contra Cuba, cuyas universidades no tienen académicos disidentes. No fue contra Arabia Saudita, cuyas instituciones académicas se niegan a contratar mujeres, gays o académicos cristianos. Tampoco fue en contra de la Autoridad Palestina, cuyas universidades se niegan a permitir el discurso abierto en relación con el conflicto palestino-israelí. No, fue sólo en contra de instituciones académicas en el Estado de Israel, cuyas universidades tienen programas de acción afirmativa para estudiantes palestinos y tienen un mayor nivel de libertad académica que casi cualquier país del mundo”.
Al contrario de muchas de las críticas que académicos, escritores y militares israelíes enderezan contra la política de su país, las que se lanzan desde estas latitudes se orientan por una información convenientemente parcial. Incluso los más pertinaces críticos israelíes, como Benny Morris y Shlomo Sand defienden el derecho a la existencia de su país; un derecho que le niegan el islamismo fundamentalista y los israelófobos de izquierda a derecha en todo el mundo.
No solamente los fanáticos desean “arrojar al mar” a los judíos, sino que mienten, distorsionan y exageran la información relacionada con el largo y penoso conflicto. Apenas unos ejemplos lo demuestran. La viuda de Yasser Arafat acusó a Israel de haberlo envenenado con polonio-210 e insiste en esa versión a pesar de que los recientes análisis de tres laboratorios de Rusia, Francia y Suiza hechos a los restos del líder palestino probaron que murió de una infección generalizada: Ahmad Jibril, fundador del Frente Popular por la Liberación de Palestina, contó que cuando interrogó a Mahmud Abbas sobre la investigación del envenenamiento de Arafat éste le contestó que había que callar: “Para serle honesto, el informe oficial de los franceses es muy claro. El sida fue lo que se lo llevó” [El Clarín, 22 de julio de 2007].
No solamente los terroristas usan a los civiles palestinos como escudos humanos, sino que inculcan a los niños el desprecio a los judíos y el deber sagrado de exterminarlos, aun si para esto deben convertirse en mártires suicidas.
Los críticos de Israel hacen aspavientos cada vez que el Ejército de Defensa Israelí responde a los ataques desde enclaves terroristas en Gaza y Cisjordania, a veces con pérdidas lamentables de civiles inocentes, pero no ven los frecuentes atentados, lanzamientos de misiles y bombas molotov contra objetivos civiles israelíes, que incluyen hospitales y jardines de niños. No solamente los terroristas usan a los civiles palestinos como escudos humanos, sino que inculcan a los niños el desprecio a los judíos y el deber sagrado de exterminarlos, aun si para esto deben convertirse en mártires suicidas.
La renuncia de Scarlett Johanson a Oxfam significa un rechazo contundente a la doble moral de los bienpensantes que demonizan a Israel y se hacen de la vista gorda —mientras usan sus iPhones hechos en China— ante regímenes verdaderamente autoritarios y violadores de los más elementales derechos humanos, y no solamente ante ellos, sino ante las atrocidades del terrorismo islámico.
En una visita a San Francisco, el congresista sudafricano negro Kenneth Meshoe se sorprendió al ver carteles que acusaban a Israel de practicar el apartheid. En un artículo del 15 de mayo en el SF Examiner escribió: “Los que hacen la acusación exponen su ignorancia de lo que realmente es el apartheid. Judíos negros, morenos y blancos y la minoría árabe se mezclan libremente en todos los lugares públicos, universidades, restaurantes, centros de votación y en el transporte público. Todas las personas tienen derecho a voto. La minoría árabe tiene partidos políticos, cumplen funciones en el parlamento y ocupan posiciones en los ministerios del gobierno, la policía y los servicios de seguridad. En los hospitales, los pacientes palestinos se recuperan en camas junto a judíos israelíes, atendidos por médicos y enfermeras israelíes árabes y judíos. Esa ridícula acusación trivializa el significado de la palabra apartheid”.
La renuncia de Scarlett Johanson a Oxfam significa un rechazo contundente a la doble moral de los bienpensantes que demonizan a Israel y se hacen de la vista gorda —mientras usan sus iPhones hechos en China— ante regímenes verdaderamente autoritarios y violadores de los más elementales derechos humanos, y no solamente ante ellos, sino ante las atrocidades del terrorismo islámico. Ah, qué bien se siente odiar a Israel, ¿verdad?
Vandalismo neonazi en un cementerio judío en Francia.
Vandalismo neonazi en un cementerio judío en Francia.
III. En México también tenemos antisemitas disfrazados de antisionistas, algunos muy notorios por su protagonismo. Otros, la inmensa mayoría, se escudan en el anonimato que permiten los medios sociales y se dedican a insultar a mexicanos de origen judío solamente por el hecho de serlo. A propósito de las exitosas presentaciones de la niña pianista Daniela Liebman en el Carnegie Hall de Nueva York y en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, en algunos comentarios en sitios de noticias se leen cosas como éstas: “Solo me gustaria saber que esta niña es hija de un obrero pero lo dudo mucho, seguramente es de los poquisimos ricos de este pais” (sic)… o “es judía, por eso y algunos factores llegó ahí arriba” [ferriz.com.mx]. Aunque, sin duda, es difícil superar la canallada de un tal “lobo Estepario”: “Niña progdigio?? ni maiz paloma, es una niña como muchas que tocan el piano, lo que pasa es que es judía y como siempre, la mercadotecnia de esa raza mentirosa y patrañera trata de engañar con las supuestas y falsas virtudes extraordinarias de la niña a la ciudadanía… una simple niña que toca el piano como cientos de ellas pero patrocinada por el sionismo y el oro judío, nada mas…” [en Milenio.com]. ®
* A un comentario del locutor radiofónico israelí Ben Red, del programa Noten B’Rock, en el muro de Facebook de Roger Waters en el que le advertía del papel de la música como constructora de puentes entre personas y culturas, y no brechas entre éstas, que recibió más de tres mil “Me gusta”, el ex Pink Floyd simplemente lo borró.