viernes, 20 de septiembre de 2013

La lengua y la servidumbre voluntaria. Por Luis Thonis




El documento sobre la soberanía idiomática de la lengua formulado por intelectuales oficialistas y publicado en Página 12 olvida que la independencia fue declarada en 1810. Parece que el enemigo sigue siendo el Virrey Cisneros, pronto se sumarán Batman, Superman y el Hombre Araña que según Maduro son los enemigos de Venezuela. No estamos lejos de este nivel de irrealidad. El comercio exterior hoy parece responder a una célula de los tiempos coloniales y prácticas feudales prevalecen en no pocas provincias.
Estoy de acuerdo con algunos puntos del documento como cuando afirma que la mayoría de los “errores” que sancionan las academias corresponden a usos latinoamericanos pero como señaló Sausurre son movidas como en el ajedrez donde una pieza no afecta la existencia de la lengua ni el juego, salvo que se aumente desmesuradamente el número de las piezas que afecten seriamente a la gramática. Esto vale tanto para la Academia como para el twitter o el facebook pero no afecta al lenguaje que es el juego de la lengua. Hay obras literarias que ponen en crisis al sistema de la lengua pero no la destruyen como el caso de Joyce con el inglés. 
Las lenguas no son destruidas por academias sino por genocidios como el de los turcos que arrancaban la lengua a los armenios. Las culturas son devastadas por estados que tienen al pueblo como su enemigo como sucedió con la cultura popular cubana ante la rusificación de la nomenklatura como lo muestran escritores como Carlos Franqui y Juan Abreu: el sujeto es convertido en algo inferior a una cosa, en un guiñapo aplastado por ideales delirantes. La humanidad se ha asesinado en nombre de entidades que no tienen existencia como la raza o consistencia como la religión o la ideología. No es cierto que se quiera imponer una “ideología estandarizada” o que la globalización sea una amenaza a las lenguas nacionales porque hay múltiples formas de coexistencia.
Las multinacionales no son entidades gestionadas por conspiradores demoníacos sino pequeñas empresas que crecieron a los ritmos del mercado. No son enemigas de las pequeñas editorales a las que el Estado puede financiar sin pasar por un instituto, respetando los gustos de los editores: convengo que la cultura no tiene como objeto ganar dinero, pero eso no significa dilapidar los recursos en función de nuevas burocracias.
La falacia fundamental del documento es que su axioma es el mismo postulado que pretende probar. No dice de su afinidad con los gobiernos que llegan al poder a través de las urnas como en el caso de Venezuela o Ecuador en los cuales la voluntad del Caudillo está por encima del orden jurídico y luego van violando las normas constitucionales, suprimiendo medios de comunicación adversos y aspiran a la suma del poder público. 
La integración latinoamericana a través del ALBA o la UNASUR retoma la ideología fascista de los bloques continentales y se aferra a pautas coloniales. El llamado eje del Pacífico valora la libertad de comercio y mira sin temor hacia el siglo XXI. No hay una política sino una ideología de la lengua que se quiere imponer en un instituto que debería llamarse Hugo Wats en vez de Borges. Para este nacionalista antiliberal el mundo estaba dominado por el "Vaticano de Nueva York" en manos de un sacerdote judío. Es el ideólogo de gran parte de la izquierda populista antiglobalizadora. 
Los gobiernos que adoptan esta lectura del mundo terminan aliados a las peores dictaduras. En las democracias liberales como Uruguay o Chile el estado de derecho y la ley predominan sobre la política. En los populismos la política llega hasta querer legislar la misma lengua en que se escribe y habla. Lo primero que hacen los populismos es dividir la sociedad en dos bandos. De un lado están los representantes de la causa nacional, nobles e intachables y del otro los réprobos, sean quienes fueren. Por eso hay una necesidad compulsiva de reescribir la historia. Cristina Kirchner en los noventa, por ejemplo, llamaba a Cavallo “el mejor cuadro intelectual que ha dado la Argentina”. 
A partir del 2003, Cavallo se convierte en un demonio neoliberal pero se dejan en efecto el aberrante impuesto a cheque y se gobierna mediante superpoderes. Dicen: “Aun a pesar de sus pronunciamientos y sermones democratistas, el espíritu neoliberal procede de una difusa raíz totalitaria. Si conocimos sobradamente la bestialización económica del programa, sus efectos destructivos de vaciamiento político institucional y los daños generales causados sobre el tejido social, no menos preocupante, aunque de verificación más opaca, resulta el impacto que esa lógica impuso e impone sobre la lengua 
Traducido: lo liberal que supone la limitación del poder por el estado de derecho tiene una raíz totalitaria, “nazi” de la que carece la lengua performativa del populismo que llama al vaciamiento de las instituciones. La estafa reside aquí en la destrucción de lenguaje político y las instituciones en el mismo momento que se dice defenderlas. Así procede la performatividad del populismo, a fuerza de puros sermones por los cuales Chile sería una dictadura y Cuba o Venezuela sociedades democráticas, extentas de raíces totalitarias.
Una ensalada rusa propia del Astrólogo de Arlt.
Hay una alerta ante la “amenaza latente de restauración neoliberal, la necesidad perentoria de establecer una corriente de acción latinoamericana que recoja la pregunta por la soberanía lingüística como pregunta crucial de la época.” 
Se califica de amenaza restauradora que el populismo pierda las elecciones- aun si puede ganar otro que sea su reemplazo- como si estuviésemos en una monarquía hablando una lengua de los ángeles. Nunca fue tanta la degradación de la lengua y las relaciones en los diez años del kircherismo abrumados de publiciad oficial. La mentira se constituyó en política de Estado y los medios oficiales repiten hasta el cansancio consignas insultando o difamando a los opositores como representantes de la antipatria mientras la megacorrupción se convierte en una causa épica: en nombre de una lucha contra un mítico imperialismo del cual los medios opositores son sus cómplices se postula a la servidumbre voluntaria como forma de vida.
Es ridículo hacer un planteo de este tipo que recuerda la polémica de hace ciento cincuenta años José María Gutierrez con la Academia donde les dice que no podemos escribir como Fray Luis de León. 
Para Calixto Oyuela, académico local, El Matadero de Echeverría no estaba escrito en castellano por haberse apartado del peninsular. Retornan los Américo Castro en jerga nacional y popular. La tensión con el hispanismo recorre toda nuestra historia  y ese choque lejos de ser un drama ha sido fértil desde el modernismo cosmopolita que va de Rubén Darío a Lugones hasta la aparición de Borges. No será un instituto bautizado Borges el que habrá de resolverla. 
¿Aprobó Borges la Academia Nacional de la Lengua fundada por el peronismo en 1952? Parece que aportó más al lenguaje que la mencionada Academia que le mereció ironías. Borges era un autor desconocido de bibliotecas de barrio, comenzó a tener resonancia internacional cuando fue traducido. Macedonio Fernández no tuvo la misma suerte tal vez porque su estilo resiste la traducción. Esto no pudo ser resuelto por la Academia del peronismo, asociadas al paradigna nacional socialista de los cuarenta que Macedonio repudiaba, tomando partido en la guerra por los estados que defendían un “máximo de individuo” como Estados Unidos e Inglaterra. 
La academia populista  cuestionaba entonces la normativa como los programas oficialistas de la televisión cuestionan hoy a los medios no cooptados por el Estado con prácticas facciosas. Los medios públicos son financiados por los contribuyentes pero usan como patrimonio privado. No les vendría mal a los autores del documento leer la Teoría del Estado de Macedonio que exalta al individuo ante los avances del Estado. 
El documento se basa en una ideología de la lengua de quienes tienen normas inconstitucionales bajo el brazo: que todos los medios se consituyan en una potencial cadena nacional, algo que fue común al fascismo y al franquismo. Los bautismos son una manía del populismo. No es extraño que quieres quieren situarse por encima de las leyes que juraron respetar quieran imponer una política de lengua en función de un poder ejecutivo que fuera absoluto, es decir, de una dictadura.
Es ridículo cuando la lengua de los medios no está colonizada por imperio alguno sino por la Mafia que nos gobierna. “La inflación es un problema que concierne a los ricos”, afirmó Boudou.
Es un enunciado vacío que sólo puede ser tomado en serio por zombies. Se podría decir que es la política populista es la que ha vaciado la lengua que dice defender. “Hasta las villas tienen Direct TV porque ahora les va bien”, asegura Cristina Kirchner, complementando la apuesta del negocio del pobre como si las villas respondieran a valores excelsos. ¿No es ésta una ideología standard? Es lo contrario que quería hacer Eva Perón que se negó a que los barrios populares tuviesen un estilo "neocolonial" que recordara las raíces hispánicas y prefería el estilo californiano, casas tipo Beverly Hills que había visto en revistas de cine. Quería que el pueblo viva más que en villas miseria en casas para estrellas de cine.
Luego de diez años de gobierno, la villa es tomada como un hecho consumado y se llama “integrar con armonía” llevar ahí la Secretaria de la Cultura. Si honra al  bilingüismo que predica el documento que se digne a recibir a los qom que están entre dos lenguas. Ya no se trata de la estupidez- que tiene una relación con la inteligencia- sino de instituir una Lengua para una elite de multimillonarios de un lado y del otro el populacho que irá expandiéndose villa tras villa. Cristina Kirchner habla más en un "inglés tarzanesco" que en cocoliche. Sus cortesanos hablan la lengua de la servidumbre voluntaria en coro con intelectuales asociados como Piglia que luego de neutralizar a Macedonio, Artl y al mismo Borges dice que Murena “escribe mal” y luego del libro de Sebreli que opaca el mito del guerrillero heroico transforma a Guevara en lector de literatura aunque haya leído todo al revés comenzando por el Ariel. Se emociona con el chavismo por no haber leído a Poliscuerpón donde Murena pone en escena al dictador de la Felicidad y esclavo del pueblo, el ideal de todos los zombis castrotercermundistas.  
Basta leer una página de Folisofía de Murena, babel de lenguas, para entender que la lengua no existe, salvo como cuestión de estado y que la literatura tiene más que ver con el lenguaje que con la lengua, al compendio de clisés a la que se la quiere reducir.
Basta de fundar institutos parasitarios con la plata de Don Pedro que no llega al fin de mes. Institutos patéticos como el del pacho revisionismo que ya ha sido refutado en cada uno de sus argumentos por Halperín Donghi.  
Basta de la política de los derechos humanos instrumentales K donde un nieto de Carlotto se cotiza como los precios de la soja, una víctima de la AMIA está por debajo de los precios del petróleo y un aborigen del norte no sólo no tiene derecho al bilinguismo sino a tener nombre.
Basta de querer controlar los efectos del lenguaje como la fascista Florencia Saintout. Lo que se necesitan no son institutos sino instituciones, quiero decir, separación de poderes para que se juzgue a esta casta de delincuentes que es la versión aumentada del saqueo de los años noventa con los mismos personajes. La lengua es la plaza de Galtieri y el lenguaje es tanto en el arte como en la vida cada uno de los sujetos que enuncia sin tener un chip en la cabeza, marca Horacio González- el autor de La multitud creadora en enero de 2002 donde encubre la megadevaluación de Duhalde que dejó miles de muertos, atribuyendo un decisionismo a la multitud- o marca Ricardo Piglia, un maestro en predicar la revolución en pesos para cobrarla en dólares. 
Se debe precisamente a los "medios hegemónicos" que un oportunista como Piglia sea un escritor supuestamente más importante que Hugo Savino, borrado por ser ajeno a la servidumbre voluntaria como antes sucedió con Néstor Sánchez. Piglia acusaba a Néstor Sánchez de tener el poder por publicar en Sudamericana donde luego llegó a dirigir colecciones y llegado el momento publicó sin ruborizarse en las multinacionales españolas.
Se necesitan más creadores que burócratas multiplicados al infinito.
Entramos en un Apocalipsis zombie como diría el poeta Lucio Greco, ajeno a la cultura de la servidumbre voluntaria y lector de Leónidas Lamborghini.

 http://librospeligrosos2.blogspot.com.ar/

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